Los veo trabajar, en silencio, cada uno sumergido en su propia búsqueda,
en sus desafíos, en sus encuentros.

Todos tienen un algo que quiere ser dicho.

Frente al caballete los veo luchar o acariciar, fruncir el ceño o bailar de alegría.

El taller se convierte en una nave que puede viajar -sigilosa - hasta el infinito y volver, a la hora del café, cuando miran alrededor y estallan las palabras. 

Sorpresas, preguntas, comentarios, risas, pensar conjunto.

 

La propuesta está orientada hacia toda persona interesada en experimentar este trabajo, con o sin experiencia previa.