Prólogo a la muestra en Galería Hoy en el Arte. Agosto-Septiembre de 1995
Por Rafael Squirru

Graciela Ieger, obra perdurable y vital
Dentro de tres enfoques distintos Graciela leger aborda una temática común: la de las calles y rincones de la ciudad. Cuando digo enfoques, me refiero concretamente a la técnica empleada, el pastel, el óleo de tono apastelado (en cuyos casos se mantiene el perfil marcado del dibujo) y por último el óleo, tratado como tal, en el más puro sentido de la palabra. Doy importancia a los materiales porque constituyen el comienzo de todo discurso plástico.
En sus tres modalidades Graciela cumple a cabalidad con las exigencias del oficio y aunque el contemplador puede tener sus preferencias, ello no será a partir de diferencias de calidad, la elección dependerá de la sensibilidad de cada cual. En mi caso, a mí me tira el óleo puro y el pastel, y no veo porque deba ocultarlo. Pero, cuando hablo del mundo de Graciela, se terminaron esas quizá incómodas distinciones. Hablo ahora de la artista, lisa y llana que se expresa a cabalidad en todas y cada una de las instancias. Los paisajes son austeros y solitarios, severos en su composición; tan solo que esta severidad está tamizada por una mirada a la vez tierna y poética. La razón de ello es sencilla. Graciela ama lo que pinta y es la intensidad de su amor lo que permite actuar como taumaturga y transformar el pigmento inerte en algo perdurable y vital.
Su sensibilidad clásica nos dice de una pintora con la senda definida, que ya se encontró a sí misma,
y que desde su propio lenguaje mantendrá y seguirá aportando al alto nivel de sus frutos.