Sofía Arden Quin
Prólogo a la Muestra en el Museo Jauretche del Banco Provincia / 2008

El mundo que nos muestra hoy Graciela ieger puede parecer obvio y cotidiano.
Pero cuando accedemos a ese mundo, todo se revierte.
Lo inanimado toma vida y las personas se convierten en objetos inanimados.
Ella cree que nos muestra un paisaje externo.
Pero nada de esas imágenes urbanas son más íntimas e interiores.
Los muros, las calles, los edificios, no nos hablan de lugares ni de espacio.
Nos hablan de tiempo.
Las ciudades no son lugares. Son un lenguaje. Los seres que aparecen, con o sin
sombra, son la finitud. Los muros y los edificios son la “infinitud”.
La belleza íntima, extraña, que emana misteriosamente de cada rasgo, nos sobrecoge.
Nos conecta con todas las preguntas.
No hay respuestas.
Graciela ieger se citó a sí misma a este encuentro. Y no faltó a la cita.
Nosotros tampoco. Somos testigos y cómplices.