Silvia  Ons
Texto leído en el evento “Conversando con los artistas” Junio de 2015

Las pinturas de Graciela Ieger son una obra de arte y ello no va de suyo en cualquier pintura. Me cabe considerar por qué son obras de arte y esto me remite a lo que Heidegger dice sobre el arte, y que ha sido de inspiración para Lacan cuando se interroga acerca de qué es un cuadro. Heidegger  considera que el arte muestra  el carácter de cosa de la cosa, ese carácter velado en el ente y que se desoculta en la obra de arte que jamás podría ser una copia de la realidad aún en la pintura realista. El ejemplo que toma es el de los zapatos de  Van Gogh Cuando usamos objetos de la vida cotidiana, podemos reconocer su utilidad, pero su esencia, que Heidegger también refería como "la entidad de las cosas", permanece oculta para nosotros. Sin embargo, se revela en una obra de arte:
´´en la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento Helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. En el zapato tiembla la callada llamada de la tierra, regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal”….”Así damos con las botas en su coseidad y ello no ha sido a través de la explicación o descripción de un zapato presente, ya que lo hemos logrado “únicamente plantándonos delante de la obra: ella ha
hablado”….”Esta proximidad a la obra nos ha llevado bruscamente a un lugar distinto del que ocupamos normalmente”

Así ocurre con las pinturas de Graciela Ieger ya que ellas nos muestran lo que en la ciudad no vemos. Tienen ojos para no ver dice el Evangelio y así ocurre cuando me detengo en la serie la ciudad ya que advierto lo que no vi cuando pasé por la recova, cuando frené mi auto por la luz roja, cuando anochecía en un día agitado, cuando no me detuve en las luces de mi ciudad, cuando cruzó ante mí ese hombre cansado, cuando no deparé en las sombra del subte etc. Diría que Graciela nos hace presente la ciudad no percibida logrando que nos internemos en el cuadro, el uso de la perspectiva y el juego de luces hace que el cuadro aloje al espectador quien entonces depone su mirada. Recuerdo parte de un poema de Borges:

La firme trama es de incesante hierro,

Pero en algún recodo de tu encierro

Puede haber una luz, una hendidura

  Es que, normalmente la ciudad es para quien vive en ella el lugar menos explorado, el trabajo, las obligaciones, la cotidianeidad hace que “pasemos de largo” ,las pinturas de Graciela nos interpelan haciéndonos ver lo que no vemos. Así el cuadro tiene una dimensión del orden de lo fantástico ya que muestra la manera en la que lo que nos es familiar deviene extraño .Pero lo fantástico no es la fantasía sino lo que-tomando la terminología de Heidegger-se desoculta en el campo de la realidad. Y ese es el poder de las pinturas de Graciela haciéndonos advertir cuanto de foráneo tiene lo aparentemente conocido.  En este sentido si ellas se inscribirían en la corriente realista o hiperrealista ya que algunas parecen fotos, en verdad conmueven nuestra idea de realismo, no hay ninguna copia ya que es la realidad que habitualmente se nos sustrae. Hay cuadros de otros pintores que muestran la ciudad como los de Robert Neffson respecto a NY pero los de Ieger tienen una singularidad ya que los elementos-en general- son aislados, es un pasaje recortado, son dos mujeres esperando el bus, es el hombre cansado que no se sabe dónde va pero que lleva en sus espaldas el agobio de la vida. Tal extracción del conjunto, junto con el trabajo formidable de la luz, ponen de relieve aquello que se pierde en la gran ciudad y que la pintora captura dando así protagonismo a lo que es anónimo en la urbe, indiferente, no percibido. Sus cuadros hablan de una cartografía inhóspita que deja al hombre sin guarida, somos en las ciudades transeúntes solitarios pero el cuadro rescata a esa muchedumbre silenciosa dándole relieve a cada uno de sus personajes. Sigue en esto el legado de Hopper pero sin, necesariamente al consabido realismo pesimista que se le atribuye a este gran pintor estadounidense.  Los cuadros de Graciela recuerdan lo que Lacan dijo acerca de qué era un cuadro como lugar de escisión entre la mirada y el campo representacional de la visión, la visión común elide siempre la mirada y el cuadro nos conduce a ella. Es que, a diferencia de la percepción, en un cuadro siempre podemos notar una ausencia detrás de la cual está la mirada, en las pinturas de Graciela ello se introduce por la luz que marca los puntos de fuga, el misterio sobre el que se asienta el cuadro.

Heidegger, M, (2005) “El origen de la obra de arte”, Caminos del bosque , Alianza editorial.

Lacan, J; (1993) El Seminario Libro XI. “ Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, El Seminario Libro XI,  Bs. As Ed. Paidós,  

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