Artistas enamorados: diferentes maneras de compartir vida y obra
Desde Diego Rivera y Frida Kahlo, las parejas de pintores, escultores y fotógrafos son más una regla que una excepción; la tendencia se da en todos los estilos

María Paula Zacharías
PARA LA NACION
Martes 10 de febrero de 2015

Para un artista no hay nada mejor que otro artista. O al menos eso parece cuando se ve la cantidad de parejas integradas por pintores, escultores, fotógrafos, de todas las edades y de todos los estilos: Siquier y Strada, los Mondongo, Gómez Canle y Guerrieri, Ballesteros e Iriart, Vinci y Dogliotti, Gómez y Peralta, Canzio y Arnaiz, Erlich y Paiva, Aranovich y Gualdoni, Peisajovich y Dubner, De Sagastizábal y Banchero, Bastón Díaz e Isdatne, Doffo y Gibello, Kaplan y Dal Verme, por nombrar algunos rápidamente. Más bien, la excepción parece ser el caso de Marta Minujín, que lleva 50 años junto a Juan Gómez Sabaini, un economista de traje y corbata con el que se casó en secreto a los 16 años.
Hace un par de años, la galerista Alejandra Perrotti reunió para una muestra 32 duplas. "Es maravilloso cómo se fusionan las imágenes y dialogan entre sí, se percibe la convivencia, la empatía y la vida en común", dice. De Diego Rivera y Frida Kahlo a esta parte, las historias apasionadas, creativas o turbulentas han sido la regla. "La primera pareja de artistas argentinos de la que tengo recuerdo es la de Rogelio Yrurtia y Lía Correa Morales. Él, un gran escultor; ella, pintora extraordinaria. Luego, me viene enseguida a la cabeza la pareja de Raquel Forner y Alfredo Bigatti, también escultor y pintora", dice Laura Malosetti Costa, doctora en Historia del Arte. Y más acá en el tiempo, a propósito de San Valentín, que se celebra el sábado 14, vemos que el tándem de amor y arte no pasa de moda…"

"…Pasó mucha agua debajo del puente, también, para una pintora y un escultor. Corrían los 70 en Bellas Artes cuando Enrique Savio y Graciela Ieger frecuentaban las aulas, él como docente, ella como alumna. "La relación se fue dando naturalmente, vivíamos el presente y estábamos muy bien juntos. Éramos hippies. Creo que ni soñábamos que aún hoy, 42 años más tarde, seguiríamos juntos", piensa ella. Tienen dos hijas criadas entre pinceles y cinceles que, como todo se lo toman con calma, tienen 20 años de diferencia entre ellas: 41 y 21 (y un nieto de 2 años).
Encontraron la fórmula de la felicidad en una casa de terreno alargado: al frente está el taller de Graciela, en el medio está la casa y el jardín, y al fondo está el espacio de Enrique. "Cada uno tiene su lugar, y es genial porque podemos trabajar cuando se nos antoja caminando unos metros. Levantarnos de noche para mirar una obra. Pero nos cuesta cortar, es vida y arte en tiempo continuo", definen ellos que pueden disentir en un montón de cosas, pero coinciden en lo que se refiere al arte: en los museos se detienen frente al mismo cuadro"…."